El collage analógico tiene sus orígenes en las vanguardias artísticas del siglo XX, especialmente en el dadaísmo y el surrealismo, donde el gesto de recortar y recomponer imágenes se convirtió en una forma de cuestionar el sentido, la narrativa y la realidad establecida. Desde entonces, esta técnica ha sido un territorio fértil para la experimentación, el juego visual y la creación de nuevos significados a partir de fragmentos preexistentes.
En mi práctica, el collage analógico se construye desde el contacto directo con la materia: papel, imágenes impresas, texturas y capas que se ensamblan de manera intuitiva y consciente. El proceso implica seleccionar, cortar, desplazar y unir fragmentos que, al encontrarse, generan una nueva imagen y una narrativa propia. Cada composición se convierte en un espacio donde lo disperso se reorganiza y lo aparentemente inconexo adquiere sentido simbólico.
Desde una dimensión terapéutica, el collage analógico funciona como una herramienta de indagación emocional y simbólica. El acto de fragmentar y recomponer permite trabajar procesos de integración, resignificación y elaboración de experiencias internas. A través de la imagen, se habilita una forma de expresión que no depende exclusivamente de la palabra, facilitando el reconocimiento de emociones, la construcción de sentido y el diálogo con los propios procesos psíquicos.
Si sientes el llamado a explorar esta herramienta para vivenciar un espacio de cuidado y autoconexión, el taller "Collage como práctica de escucha interior" puede ser tu próximo paso.